10 enero 2007

Requiem

Murió la noche de reyes.

Reconocimos a la madre por el luto. Su cuerpo está quebrado, y necesita de un sostén para alcanzar un asiento. Su rostro se ha convertido en un porqué y hay un grito desgarrado incontenible que aulla desde sus entrañas. Y el dolor de hoy es el dolor multiplicado de ayer, cuando años atrás tuvo que velar a su primer hijo y los abismos habitaron su casa desde entonces. ¿Cuánto tiempo abrazó a mi madre, que la crió desde niña? ¿Fueron minutos, horas, siglos? Sólo se oye la respiración de ambas, y sus llantos al unísono se convierten en el requiem que resuena en los olivos. Y un caballo relincha a lo lejos, porque sabe que su dueño no ha de cabalgarle nunca más.

El padre me abraza a mi también. No puedo decir nada. No tengo nada que decir. No sé nada que pueda decir. Siento sus lágrimas mudas caer lentas sobre mi hombro. Una detrás de otra. También presiento una canción. Saeta desesperada de océano y silencio, que busca rabiosa un dios al que reclamar tanta muerte. Y el mundo se para alrededor, y sólo hay un corazón que late en hueco. Su pómulo tibio se apoya en mi cara y mis brazos le aprietan tanto que creo que en otro momento hubiera podido hacerle daño. Pero no hay dolor que pueda ser añadido. Finalmente lo arrancan de mis brazos. Me mira. Por un instante creo que me ve. Y busca una silla cercana a la cabecera de su hijo, apoya la cabeza en la fría madera y sigue llorando. A veces, alguien se acerca y le seca las lágrimas. Y las dos madres, la mía y la del que ya no está, siguen entonando el requiem a lo lejos.

El hermano y la hermana, sobrevivientes como Hansel y Gretel, buscan las migas de pan de un cuento que les ha madurado de golpe y que sólo les conducirá al camposanto, donde no habrá ni juegos, ni gominolas, ni complicidades. La bruja mala ya cumplió su amenaza. Y lloran desconsolados mientras se abrazan y anhelan las manos que ya no han de estar más, y la casita de chocolate hoy es una tumba repleta de flores que no podrá derretirse bajo el sol.

Una mujer joven, apenas una niña de ojos rotos, destila su alma en lágrimas que caen gota a gota sobre el ataud. Acaricia el cristal y le está hablando. Le susurra de seguido, y a veces, le medio esboza un gesto parecido a una sonrisa. Después se derrumba, y los brazos ya no le alcanzan para abrazar el cuerpo sin vida de su vida partida. Pero otra vez se calma. Y se vuelve a asomar. Y le sigue contando sus secretos de amantes recién estrenados, le sigue hablando con voz queda, de carrerilla, porque sabe que las horas están contadas, y que al amanecer, ni siquiera tendrá esa carcasa a la que dirigirse. Al amanecer, al frío y turbio amanecer, sólo le quedará el silencio. Y una ausencia inconcebible. Y una casa vacía. Y un futuro sin él. Y un vientre sin fecundar.

Y tengo que huir de la habitación, donde se vela el cuerpo, si no quiero derrumbarme yo también.

Lloramos una noche entera, y no se terminaron las lágrimas. Creo que envejecimos todos diez años de golpe. A media mañana, le acompañamos cuesta abajo, camino a la iglesia, mientras su padre, su hermano y cuatro hombres más cargaban su última estancia en este mundo sobre sus hombros quebrados. Y les sigue un pueblo de juventud que arrastra su pena en los pasos que deberían estar bailando y ha aprendido demasiado pronto lo traicionera que es la muerte.

Desolador desfile de rostros ahogados por las mismas calles por donde, 19 años antes, yo portaba llena de ilusión su cuerpecito minúsculo de bebé casi recién nacido entre mis manos, como un tesoro, y lo llevaba a bautizar. Recuerdo que al doblar la esquina comenzó a llorar. Y yo le canté una nana, y lo reacomodé entre mis manos, y se quedó dormido. Se despertó con el agua bendita.


Murió la noche de reyes.
No hay agua bendita que pueda despertarle más.

Imagen: Muerte en la alcoba, de Munch

41 comentarios:

LE MOSQUITO dijo...

No hay agua bendita. No. Pero sí los benditos ojos que bendecirán con lágrimas su recuerdo, y que harán florecer verdades y amores pasados, hacíendolos presentes. Ahora. Ya. Siempre.
El amor nunca deja de manar cuando es amor.

maite dijo...

"su rostro se ha convertido en un porqué"...sin respuesta ante una muerte prematura. No hay término medio, la vida o nos mima o nos fustiga hasta la desesperación.

Plasmas a la perfección los sentimientos con tus palabras. Es un honor leerte.

abrazos

Gubia dijo...

El recuerdo es el mejor homenaje y las lágrimas la mejor forma de liberarse.

florecita dijo...

Ante todo lo que has escrito, sólo me queda tomarte de la mano, en silencio... latiendo al unísono... contigo...

Axel dijo...

este poema si es triste d vdd.. pero me encanto, te pregutno algo?? publicas tus escritos en algun periodico de zaragoza?? deberias de hacer son muy buenos

gracias por el pastel de choc. sabroso te mando besos

cuidate

El detective amaestrado dijo...

Ver morir a alguien que has visto nacer parece de una crueldad casi circular

gonzalo dijo...

una terrible desolación.

Arcángel Mirón dijo...

Siento que no hay palabras capaces de abarcar la muerte.

Abrazos.

Pacita dijo...

Querida : Mi capacidad de reacciòn està algo lenta para los fuertes sucesos .... No asi los sentimientos de gratitud por tu ayuda y conocimiento de mis " males " donde curiosamente es en tu tierra donde estàn los que màs saben del tema ...
Un abrazo fuerte

Susy dijo...

Me parece que no me siento capaz ni con ánimo de comentar nada. Me cuece el dolor.

Susy dijo...

Me parece que no me siento capaz ni con ánimo de comentar nada. Me cuece el dolor.

Hugo Denis dijo...

Es una tragedia para los que se quedan, sin duda. Pero para los que creemos que la muuerte no es el final no lo es tanto (ni para los que se van, sobre todo si tienen consciencia del mundo no material). Supongo que depende de cada uno, de sus apegos, sus dudas, sus miedos. En fin, os deseo lo mejor, pero mucho ánimo, que a ella no le gusta ver a nadie triste ;)

Anónimo dijo...

Con tus palabras le has hecho un regalo que se llevará allá dónde esté. Es la dualidad de esta existencia, la crueldad de la muerte y la esperanza de la vida

Muchos besos

Mª Jesús

Anónimo dijo...

Que sensibilidad que mujer. Que triste pero a la vez es hermoso me gusta mucho lo que escribes.

Ixchel dijo...

La del comentario anterior fui yo.

Saludos nena.

Javier López Clemente dijo...

Excelente relato.
Intenso, vibabrante, pleno de emoción, excelente círculo entre la muerte y el nacimiento y en común con ambos momentos el agua bendita.
Excelente Paula, estoy conmovido.


Hace algún tiempo aprendí que para acompañar la pena, el agujero del estomago lo más adecuado, casi siempre, es el silencio. Me di cuenta una tarde en la que por pretnder ser afectivo con la palabra sólo pude perderme entre vericuetos. Silencio y lágrimas, no es necesario nada más, y nada menos.

Salu2 Córneos.

dy_ana1982 dijo...

Murió la noche de Reyes, y a lo mejor fue su regalo para descansar en paz.
Salu2:))

delokos dijo...

Me he quedado frío, helado, revuelto por dentro...

Mientras escribo, aún tengo la piel de gallina...

Espero y deseo que sea solamente ficción... si no, simplemente decirte lo siento...

Un abrazo...

Fernando dijo...

Rotundamente hermoso...espero que sólo sea un relato...un beso

Paula dijo...

Le mosquito, qué dificil...

Maite, si, a veces la vida fustiga hasta la desesperación

Gubia, yo creo que la aceptación es el primer paso, y no está montada esta sociedad para aceptar la muerte como parte inseparable de la vida. Por eso las despedidas son tan terriblemente duras

Gracias por tu mano, florecita

Axel, de momento, me conformo con publicar aquí y contar con compañeros de blog tan estupendos como tú...

Paula dijo...

Detective, si, crueldad circular, tú lo has dicho...

Gonzalo, los momentos del velatorio fueron realmente desoladores. Espero no tener que volver algo así por el resto de mi vida

Arcángel... ante la muerte, el silencio, y el adiós, y, si se puede, la gratitud por el tiempo compartido

Pacita, ya sabes que puedes contar conmigo si me necesitas. Ni lo dudes...

Susy, te abrazo en la distancia, para compartir el dolor y dejar que se marche

Hugo, yo no creo que todo termine aquí, pero te aseguro que no fui capaz de decir una sola palabra a los padres que perdían a un hijo por segunda vez. Tan sólo lloré con ellos, y los acompañé. En momentos así, te aseguro que la fe parece un papel bajo la lluvia

Mª Jesús, si, es la dualidad, el principio y el fin, y una vez más, la manifestación de que no sabemos de cuánto tiempo disponemos en este planeta

Paula dijo...

Ixchel, la muerte tiene un lado bello, incluso un punto de esperanza, aunque cuesta verlo en situaciones como ésta

Javier, qué razón tienes con lo del silencio. Yo no tuve palabras, ni una. Pude acercarme a la novia-viuda el último día, y apenas me llegó para decirle que no sabía que decir: me abrazó y lloramos juntas. No sé ni cómo se llama, pero en ese instante, me sentí una con ella. Después en la casa, contandole una anécdota de mi madre con los gatos de la calle, conseguí que sonriera. Y la casa tuvo luz por primera vez desde el entierro.

Dyana, posiblemente, aunque puedo asegurarte que tenía unas ganas de vivir terribles...

Delokos y Fernando, era el hijo de una prima hermana, y yo era su madrina. Tenía 19 años. Su novia creo que era más joven. Sus padres habían perdido años atras a otro hijo. No podría inventarme un relato así, ya sabéis que a mí, lo que me gusta, es cantar a la vida. He escrito esto para liberarme del dolor con el que volví del viaje relámpago para el entierro. Después de 4 días, hoy consigo identificarme en el espejo. Se me había desencajado la expresión.

pero la vida sigue, y mañana, volveré a cantar

Un abrazo a todos

Leo Zelada Grajeda dijo...

La fiesta de reyes en España es alucinante.

laonza dijo...

Dios!!! te dejo mis brazos , mi alma , mi sentimiento...lo que pueda ayudarte a sentirte mejor!!! sin nada que decir esta vez...es muy fuerte.. de verdad lo siento que hayas pasado eso, y su madre y su padre y su novia y...... joder paulamares, no se si viene en buen momento
lo siento mucho de verdad!!!!

Pato dijo...

Ninguna madre..ningún padre...debería pasar por esto. Ningún jóven debería ver truncada su vida. Es muy triste. El único consuelo es pensar que fue feliz, que fue amado...
No sé que más decirte Paula.
Un abrazo.

Motarile dijo...

Como ha dicho Pato, ningún padre o madre deberia enterrar a sus hijos. Va contranatura.

Has conseguido emocionarme y por segunda vez en poco tiempo se me ha cristalizado la mirada.

Yo tampoco sabria que decir...

Ptons.

Javier López Clemente dijo...

Hola Paula.
Lo acabo de leer:

“Durante toda la noche, el señor Ignacio, sentado en una silla, lloró sin cesar; Vidal estaba asustado y Manuel también. La presencia de la muerte, vista tan de cerca, les atemorizó a los dos.
Y mientras lloraban dentro, en la calle las niñas cantaban a coro, y aquel contraste de angustia y de calma, de dolor y de serenidad, daba a Manuel una sensación confusa de la vida; algo pensaba él que debía ser muy triste; algo muy incomprensible y extraño.”

La Busca. Pio Baroja

Salu2 Córneos.

gonzalo dijo...

es de madrugada y he pensado en tu alma, en tu viaje de estas semanas.

somos paralelos y azules.

Paula dijo...

Leo, si, es alucinante, sobre todo si no tienes que ir de funeral...

Laonza, mil gracias por tu cariño, me llega a bortotones...

Pato, hay poco que decir, simplemente, aceptar, y seguir adelante, hasta que nos toque a nosotros

Motarile, ningún padre debería enterrar a sus hijos. Ninguno. Pero a veces ocurre. Y hay que seguir.

Buena cita, Javier, describe muy bien ese contraste que yo también viví. Yo no me sentía excesivamente triste, me sentía excesivamente ajena... Gracias por traerla hasta aquí

Gonzalo, gracias por tus pensamientos, y por tus palabras, y por tu presencia

Ártemis Sublime dijo...

La crueldad de la vida y de la muerte es insuperable.
Tus palabras lo dicen todo, y sigue quedando el aterrador vacío que nos supera.
Un abrazo!

lamima dijo...

Que dolor tan grande Paula. El de esos padres (ver morir a un hijo va contra-natura, siempre lo he pensado), el de esa mujer que, como dices ve desaparecer la mitad de su vida...
Veo yo también ese vacío que será terrible de ahora en adelante.
No estamos preparados para la muerte, nunca. A pesar de que la conocemos desde siempre, siempre nos invade nueva y dolorosa.

RAIKO dijo...

Querida, son cosas que pasan. El dolor de ver morir a un hijo es lo peor que le puede pasar a una madre, por desgracia, lo sé por una experiencia muy cercana. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Muy buen post, un placer leerte.

Pablo

Paula dijo...

Artemis, no sé si es crueldad, si esta crueldad en realidad es una huida ante lo que es natural, aunque nunca puede ser natural sobrevivir a un hijo..

Lamima, siempre la muerte, que es lo único certero, nos sorprende, eso es curioso. Siempre es un mazazo.

Raiko, no hay explicación, son cosas que pasan

Pablo, mil gracias por tu visita.

a ti y a todos

Bettina dijo...

Me quedará grabada imagen que me has la hecho formar de esa madre. Cuando se mueren nuestros padres, no llaman huérfanos, cuando se mueren nuestras parejas nos llaman viudos, cuando se muere un hijo... no tiene nombre.
Duele tu relato.

Paula dijo...

Bettina, qué bueno tu comentario

no tiene nombre, es verdad

un abrazo, y perdona el dolor

Francisco Ortiz dijo...

La muerte es injusta, nada explica y nada resuelve, siempre lo he pensado. Tenemos el cerebro para consolarnos y las manos para secarnos los ojos, pero nada se explica y nada se justifica. Tu texto, por otra parte, me parece un verdadero ejemplo de que en los blogs hay verdadera creatividad, verdadera literatura. Un abrazo.

memento dijo...

Paula, yo tampoco tengo palabras. Sólo decirte que me he quedado de piedra y que te acompaño en el sentimiento. Un beso y un fuerte abrazo, de esos que parten en dos, D.

Lis dijo...

conectadas mi querida amiga en la vida y en la muerte,
estoy contigo, sé tan claramente como se siente,
estoy contigo...

memento dijo...

Que parten en dos... o que funden en uno.

Paula dijo...

Francisco, tus palabras me animan a seguir, una vez más. Eres muy generoso conmigo, de veras

Memento, me quedo con el abrazo que funde en uno, y te agradezco enormemente tus palabras. Y esa foto tan divertida... cuántos recuerdos de los sábados por la tarde de la niñez, ¿verdad?

Lis, lo que más me apena es que sientas claramente cómo se siente, eso, no deberíamos saberlo ninguna... te abrazo en la distancia, querida amiga